El Club es un círculo virtuoso que no se detiene
La emoción desmedida de los veteranos en 2010 y la locura del scrum-try en la hora como entrenador, en 2025.
Repasamos su vida en el club, el trabajo silencioso detrás de escena y el valor de la entrega absoluta por el compañero.
Seju nos comparte su mirada única del rugby como escuela de vida donde, bajo ninguna circunstancia, se permite soltar la esperanza.
Entrevistadores: Alfredo Stirling, Manuel Mendioroz
¿Qué sentiste cuando salieron campeones en 2010, después de tantos años sin salir campeones?
Yo ahí tenía 25, y en ese momento no era el más chico, pero tampoco era el más grande. Obviamente fue espectacular ser campeón, pero no lo viví con la carga emocional que tenían tal vez otros jugadores del Club que estaban hace mucho más tiempo jugando. Me acuerdo que me llamaba la atención —me sorprendía— el llanto desconsolado de algunos de los más veteranos y sobre todo de gente que ya no jugaba; como que no podían creer que se había logrado algo que habían perseguido durante mucho tiempo. La sensación fue de haber logrado algo que llevó mucho tiempo hacer y que a muchos de nosotros nos tocó terminar un proceso que empezó mucho antes de que iniciáramos el camino que nos llevó a tener la oportunidad de jugar ese día. Verlo materializarse y ver cómo se emocionaba gente que en algunos casos ni conocía, realmente mostraba la carga que había después de tantos años sin ser campeón. Cada experiencia tiene lo suyo, pero lo que más me llamó la atención de esa fue cómo lo vivieron los más grandes desde afuera. Fue una experiencia muy especial. Como si se hubiera logrado algo imposible.



















