La siguiente pregunta va más con la serie: ver tu propia historia en una serie de Disney plus, con un actor que te interpreta. ¿Cómo fue ver tu vida en una serie?
Fue una locura. Guillermo se llama el actor, Guillermo Fenning, un capo. Me siguió un par de meses para copiarme en los gestos, cómo hablaba, la vehemencia, no sé, todo me fue copiando. Y estaba divertido, siendo espectador de lujo de lo que estaba viviendo ahí. La verdad que la experiencia era rara, ¿no? Verte es raro. Pero bueno, me tocó actuar también. En un momento hago de entrenador de otro equipo. Al final, creo que es el último capítulo, voy, lo saludo. Ese soy yo que saludo al otro Coco. Estuvo divertido.
Y para cerrar Coco: con todo esto que lograste, que es impresionante, ¿Cuál te parece que es el próximo desafío y qué sentís que falta alcanzar todavía?
Estamos armando un club afuera de la cárcel, Espartanos Rugby Club. Nos dieron una sede, ahora estamos viendo, queremos hacer una cancha tremenda con vestuarios y demás. En eso estamos. Un proyecto para que sea inclusivo: que pueda venir a jugar no solamente el tipo que estuvo detenido, o la mujer que estuvo privada de libertad, sino sus hijos, la gente del barrio, hacer un club recontra inclusivo. Esa es un poco la idea. Y lo que quiero adentro de la cárcel es que esto se expanda por distintos lados, que no dependa de un voluntario que vaya a entrenar rugby. Nos pasó que teníamos 300 jugadores acá en la cárcel de San Martín, y nos trasladaron a 4 de ellos a un lugar a 300 kilómetros en la provincia de Buenos Aires. Los perdimos, los mandaron a una cárcel que estaba en el medio de la nada. Eran 4 muchachos que estaban muy bien. Dijimos: «¿Será posible? Estos cuatro que estaban muy bien, ahora los vamos a perder en una cárcel común. ¿Van a volver a las drogas?». No había manera de traerlos de vuelta. Pasó un año y nos llamó el director de esa cárcel, en General Alvear, provincia de Buenos Aires, para invitarnos a un partido de rugby que se iba a jugar allá. «¿Con quiénes?» Con un equipo de afuera que tiene 80 jugadores, porque 4 empezaron a contagiar al resto. 80 jugadores, no había un solo voluntario. Yo nunca había ido a ese lugar. Y nos invitaban a ver lo que habían logrado estos 4 pibes solos. Pero tenían la idea en la cabeza y lo reflotaron de manera espectacular. Bueno, eso sí pasa. Y podría pasar en muchísimos lados más si vos desparramas Espartanos por los distintos lados. El bien siempre supera al mal, siempre que estén concentrados y con las mismas ganas, si le das la oportunidad. Bueno, eso quiero que se produzca mucho más seguido: que no dependa de que yo vaya a San Luis, a Montevideo, a Durazno, a Tierra del Fuego. Que sean ellos mismos los que vayan contagiando y que la reincidencia del 65 al 5 no solamente baje en los que son Espartanos. Tenemos alrededor de 3.000 jugadores en Argentina, pero son 150.000 personas en el sistema carcelario. Es un montón, 3.000 está buenísimo, pero hay 147.000 que no tuvieron la oportunidad de cambiar porque no estuvieron con nosotros. Bueno, ahí apuntamos: a que se vaya distribuyendo y que se haga una política de Estado que se vaya multiplicando por todos lados. Así la reincidencia baja en total del 65 al 5, no solamente los que pasaron por esta fundación, que es chica.